Conoce el relato ganador del Concurso de Cuento Corto ECR

Pensando en estimular la creatividad y el ingenio de la comunidad estudiantil de la ECR, el área de Desarrollo Humano y el Departamento de Bienestar Institucional lanzaron una invitación reciente para participar en su primer concurso de cuento corto.

La instrucción de la convocatoria consistió en idear creaciones literarias que, entre su trama o argumento, contemplaran alternativas que apuntaran a promover y practicar el respeto, la inclusión y la solidaridad.

Tras juzgar las postulaciones de un total de 18 participantes, el comité de jurados integrado por Alejandra Jiménez (coordinadora del Programa de Vida Universitaria de la ECR) y Luis Felipe González (magíster en Literatura de la U. Javeriana) eligió el relato «Bruno no quería ser azul», presentado por la fisioterapeuta en formación Leidy Isabel Montañez.

Leidy Montañez, ganadora del concurso.

Agradecemos a todos los participantes por su despliegue de creatividad y esperamos contar con su apoyo en futuras convocatorias de la misma naturaleza.

A continuación, compartimos el cuento ganador:

Bruno no quería ser azul

En una pequeña parte del universo, tan pequeña como Plutón, existía un mundo llamado Sircadian. Aquí habitaban los Sirdracones, tenían la apariencia de un dinosaurio, pero su actitud era más como la de un oso de felpa. Eran grandes y de ojos verdes, su piel era escamosa pero suave y su color de piel era rojo rubí. En un hermoso castillo de este maravilloso lugar vivían el Rey Asgan y la Reina Balterina, ellos estaban en la espera de su primer sirdracon bebé.

Un día, la Reina Balterina tuvo que armar un nido de urgencia, pues su bebé Bruno estaría a punto de llegar a ese mundo. Teniendo el apoyo de su esposo, su sirdracon bebé ya había nacido. Pero una vez nació el pequeño, su madre notó algo muy particular en él: su piel no era muy común, tenía escamas de color azul y eran las más suaves que jamás hubiera sentido en su vida. El Rey Asgan muy decepcionado salió del lugar y dijo que no quería saber de Bruno por el resto de su vida. Mientras tanto, a la Reina Balterina no le importó en lo absoluto que su hijo saliera diferente a los demás, ella decía que él iba a ser único y a gobernar esas tierras.

A medida que pasaba el tiempo y Bruno crecía, su color de escamas era cada vez más azul, él era ignorado por muchos habitantes de Sircadian sólo por el simple hecho de ser diferente; decían que “él no podría ser gobernante de esas tierras porque no era puro, no era como ellos”. Pero su madre siempre lo apoyaba sin importar las circunstancias que se atravesaran. El Rey Asgan nunca se dirigía hacia su hijo como tal, sino por su nombre, y lo trataba como uno de los empleados del castillo, haciendo que durmiera encima de la paja, donde dormían los demás sirdracones. Pero los empleados lo acogían muy bien en el castillo y eso hacía que él se sintiera seguro.

Bruno siempre permanecía en el castillo, miraba a través de una ventana a todos los sirdracones que jugaban alrededor de su castillo, pues el rey le había prohibido salir porque decía que nadie podía verlo así, él era la vergüenza de Sircadian. Un día, mientras el rey no estaba en el castillo, la reina Balterina llevó a Bruno afuera; Bruno muy nervioso empezó a explorar un poco el castillo y se dijo a sí mismo “Todo esto es hermoso, pero te lo estás perdiendo al estar encerrado”. Después de un rato, la reina le dijo que era hora de entrarse, Bruno obedeció a su madre, y fue hacia las camas de paja para acostarse. Esa noche Bruno no pudo dormir, estaba cansado de no encajar, estaba cansado del rechazo de su padre hacia él, mejor dicho, estaba cansado de ser azul… Decidió irse, dejar todo atrás, escapar del castillo. Esa noche cogió un poco de comida de la lacena, tomo algunos de sus objetos más importantes y decidió irse.

A la mañana siguiente, la reina Balterina fue a buscar a Bruno para saludarlo, pero se encontró con la noticia de que él se había escapado. Su instinto de madre no le permitía estar tranquila, ella sabía que algo andaba mal. Ella alertó al rey sobre su hijo, y aunque el Asgan no le hablaba a su hijo, se preocupó demasiado por su desaparición. Enviaron a muchos Sirdracones en búsqueda de Bruno, pues el rey y la reina temían que se hubiera perdido en los inmensos valles de Sircadian, que de por sí eran muy peligrosos.

Después de algunos días de búsqueda, tal vez dos o tres, Bruno fue encontrado en el valle tiniebla, uno de los valles más oscuros de Sircadian, estaba asustado y con hambre. A su regreso al castillo, el Rey le pidió disculpas a Bruno por su mal comportamiento todos esos años, pues él se sentía culpable por la decisión que él había tomado de irse del castillo. Aceptó que cometió errores y decidió otorgarle a Bruno el puesto que le correspondía, el príncipe de Sircadian. El rey entendió que a veces ser diferente, no te hace ser menos que alguien.

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