A primera vista, la presencia de comunidades indígenas vivas en Bogotá es un hecho que puede generar escepticismo en algunas personas, pero para Edna Garzón y Vanessa García, terapeutas ocupacionales de la Escuela Colombiana de Rehabilitación que cursan octavo semestre, representó una oportunidad precisa que les permitió reafirmar su quehacer disciplinar y desarrollar su período de pasantía.

Las profesionales en formación se adentraron durante casi 3 meses en el centro de práctica del Cabildo Indígena Muisca de Bosa, emprendiendo un proyecto orientado a revitalizar la importancia del juego y los saberes ancestrales en la primera infancia. Específicamente, su labor transcurrió en la Casa de Pensamiento Intercultural (nombre con el que los cabildos designan a los jardines infantiles) de una de las localidades habitadas por los muiscas desde la época precolombina, en donde indagaron sobre la forma en la que los indígenas conceptualizan el juego como una ocupación fundamental para el desarrollo humano, mediante la cual convergen sus tradiciones y costumbres occidentales.

A lo largo de su etapa de aprendizaje, las estudiantes también trabajaron en pro de la recuperación ancestral por la que todos los miembros de la comunidad étnica abogan. Su campo de acción se expandió al relacionamiento con docentes y sabedores de la Casa de Pensamiento, estos últimos, los encargados de transmitir el conocimiento y la cosmovisión ancestral a los demás integrantes de su colectividad. Con los dos grupos se cumplieron actividades semejantes a la práctica del juego Taba y la interacción con el Twister Sensorial, consistente en una variación del tradicional tablero del mismo nombre que fue concebida por las pasantes y se enmarcó en la receptividad cultural de su investigación. 

Los resultados percibidos en la experiencia intercultural fueron recogidos en el Bazar de los Saberes, un evento reciente con sede en la ECR que surgió incidentalmente, pues, luego de ser concebido en forma de un conversatorio, se transformó en un espacio destinado a dar cuenta práctica del proceso que las futuras egresadas vivieron durante el semestre, a través de una serie de estaciones en las que distintos sabedores ilustraban los juegos compartidos con anterioridad, mientras relataban el trabajo ejercido por las jóvenes universitarias desde su propia perspectiva.

Ambas protagonistas expresaron que no fue fácil que el Cabildo les permitiera llevar a cabo su intervención, debido a la predisposición del estamento indígena por el modo en el que ha sido tratado históricamente, al igual que por la enorme cantidad de proyectos en los que, especialmente los educandos universitarios, han querido involucrarlo, pero de los que pocas veces se ha extraído un resultado significativo para sus intereses, o siquiera una retroalimentación o agradecimiento por su colaboración. 

Sin embargo, Vanessa y Edna lograron establecer lazos de cooperación con la comunidad, gracias al apoyo de sus docentes y luego de una exhaustiva revisión documental adelantada con el fin de justificar su mediación. Así, plantearon su intervención en torno a la construcción de conciencia social y exaltaron la importancia de explorar e involucrar la diversidad en el entorno educativo por intermedio del juego, a efectos de llevar a cabo un proceso de recuperación cultural, dado que, de acuerdo con las palabras de las alumnas, “no todas las personas que son indígenas se reconocen como tal, o piensan que hacen parte de una comunidad. Esto obedece a la forma en que la cultura de Occidente llegó y desdibujó sus prácticas y costumbres gradualmente, entonces su lucha también radica en empoderarse de su identidad”.

La Terapia Ocupacional vista desde un nuevo ángulo

En la opinión de las responsables de la pasantía, el período vivido en el Cabildo Indígena resultó enriquecedor para sus ámbitos profesional y personal. De ese modo lo confirmaron al afirmar que, si bien contaban con una noción sobre la influencia de la Terapia Ocupacional en el plano cultural, “no sabíamos que era tan importante como lo encontramos allí”, según lo aseguró Vanessa García, quien también sostuvo que consiguieron ver de cerca rituales indígenas de los que habían oído hablar vagamente a lo largo de su vida, una memoria que fue muy edificante, “en especial cuando vimos a los niños involucrarse en ellos, disfrutar sus canciones, instrumentos y todos los elementos utilizados en su realización”. 

Por su parte, Edna Garzón encontró satisfacción en la posibilidad de presentar su profesión a personas que la desconocían, ya que “en un sitio de práctica convencional, por ejemplo, clínicas y colegios, ya saben qué se hace desde la Terapia Ocupacional, pero en el Cabildo nunca habían oído hablar de esta área del conocimiento”.

Igualmente, la estudiante destacó el hecho de que los indígenas busquen mantener sus costumbres a diario, pese a vivir en una ciudad de la naturaleza de Bogotá, al luchar por hacer evidente que sus saberes son trascendentales desde la escuela, porque “aunque entienden las políticas de educación que se aplican a los niños actualmente, están haciendo su trabajo: buscar que no se dejen de lado prácticas autóctonas que a su vez favorecen a los menores, con las posibilidades que brindan la música, la danza, el tejido, la medicina y la agricultura”. 

En coherencia con esta comprensión profunda del contexto que descubrieron, las organizadoras del Bazar de los Saberes no sólo concretaron el encuentro con el ánimo de presentar sus hallazgos, sino con la intención de demostrar a otros compañeros interesados en la Terapia Ocupacional que la disciplina va más allá de los ámbitos clínico, educativo, laboral o comunitario y que el campo intercultural tiene potencial de continuar explorándose, “porque esta carrera es tan amplia y tan completa que es increíble todo lo que uno puede llegar a hacer desde otros espacios”, conforme lo afirmó García. 

Las próximas profesionales esperan que una mayor cantidad de sus colegas pueda entender que, en su ámbito de desempeño, existen más prácticas emergentes susceptibles de ser profundizadas. Además, piensan que hace falta producir literatura investigativa al respecto del tema, y ven una invitación a indagar y abrir nuevos espacios en esta oportunidad, en consideración de que Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones indígenas, cuya mayor lucha ha sido contra el olvido. 

 

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